miércoles, 13 de febrero de 2013

Alarmas.

Me acosté. Me costaba desconectarme, mi cabeza repetía todo lo que había leído, la dosis de atenolol para la angina de pecho es de diez a veinte miligramos por día. Creo que hay viento, me confunde el ruido del ventilador. Diez a viente miligramos. Charlo imaginariamente con gente que no estoy segura de conocer. No siento estar dormida, no distingo entre mis pensamientos y un sueño. Caras familiares, encuentros casuales. Atenolol para la angina de pecho. Empieza a sonar una alarma, seguro que de un auto que está en la calle. Me despierto.  Si, suena una alarma en la calle y hay viento. Me doy vuelta, me cuesta conciliar el sueño. Entonces pienso, aunque no quiera. No se qué hacer, hay mezcla de angustia y bronca conmigo misma. Tengo los párpados cerrados pero siento los ojos abiertos.  Escucho el sonido de la alarma. Diez a veinte miligramos por día. Truenos, estaba pronosticado lluvia. Me imagino la misma situación una y otra vez, pero todas con desenlaces diferentes. La alarma sigue sonando, ya forma parte de mi paisaje mental. Atenolol. En todos esos desenlaces las cosas me salen bien o por lo menos no tan mal.  Inmediatamente se cuela algo de realidad. Me falta, no estoy preparada para este paso. La alarma, el atenolol. Se que me falta poco, se que están esperando que responda. Estoy en los últimos diez kilómetros pero tengo que parar, tomar aire (agua ya tomé un parada anterior) y después seguir. Ahí empieza la contradicción. Siento impotencia, también miedo, no quiero defraudar; pero ¿si en realidad me estoy defraudando a mi por no escucharme? Eso es peor. Si, voy a parar para llegar con más resto.    
La alarma suena adentro mío, la dosis de atenolol para la angina de pecho no es de diez a veinte miligramos por dia. La dosis de atenolol para la angina de pecho es de cincuenta a doscientos miligramos por dia. 

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