sábado, 23 de febrero de 2013

sábado, 16 de febrero de 2013

Miscelanea.

Sábado a la noche. Hace mil que no salgo, apuntes y más apuntes que no se dejan ni ver. Leo un post que habla sobre películas y yo sigo sin ver DJANGO; mejor leo el post de astrología...nada. Aclara que este año no hay cambios para mi signo según el punto solar (o algo así) al que se refiere. Decepcionante. Agarro mi lapicera de NEMO y escribo. Si, escribo en papel lo que escribo acá y otras cosas más también. Me gusta. Tal vez encuentre en la escritura (si es que se me permite llamar escritura a estos garabatos) una forma de liberar algunas cosas y las subo a la red porque me parecen una opción para liberarlas realmente, más allá del papel. Que naveguen en la red a falta de mar cercano y botellas. No sé porqué leo el horóscopo, nada ni nadie  me puede adelantar la fórmula para hacer las cosas; pero en algún punto (aunque sea por los minutos que dura su lectura) el horóscopo funciona como algo a lo que podemos aferrarnos, aquellos a los que todavía no se nos inventó una religión. Me resulta un tanto reiterativa mi ansiedad  a tal punto que me gustaría que un meteorito ruso pase por acá y me saque de esta especie de somnolencia, de esta especie de inanición. Que golpee a esta caja de cristal, que astille todo alrededor, que el ruido se escuche y haga llamar tu atención.  Que te des vuelta, que mires y veas, que acá estoy yo.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Alarmas.

Me acosté. Me costaba desconectarme, mi cabeza repetía todo lo que había leído, la dosis de atenolol para la angina de pecho es de diez a veinte miligramos por día. Creo que hay viento, me confunde el ruido del ventilador. Diez a viente miligramos. Charlo imaginariamente con gente que no estoy segura de conocer. No siento estar dormida, no distingo entre mis pensamientos y un sueño. Caras familiares, encuentros casuales. Atenolol para la angina de pecho. Empieza a sonar una alarma, seguro que de un auto que está en la calle. Me despierto.  Si, suena una alarma en la calle y hay viento. Me doy vuelta, me cuesta conciliar el sueño. Entonces pienso, aunque no quiera. No se qué hacer, hay mezcla de angustia y bronca conmigo misma. Tengo los párpados cerrados pero siento los ojos abiertos.  Escucho el sonido de la alarma. Diez a veinte miligramos por día. Truenos, estaba pronosticado lluvia. Me imagino la misma situación una y otra vez, pero todas con desenlaces diferentes. La alarma sigue sonando, ya forma parte de mi paisaje mental. Atenolol. En todos esos desenlaces las cosas me salen bien o por lo menos no tan mal.  Inmediatamente se cuela algo de realidad. Me falta, no estoy preparada para este paso. La alarma, el atenolol. Se que me falta poco, se que están esperando que responda. Estoy en los últimos diez kilómetros pero tengo que parar, tomar aire (agua ya tomé un parada anterior) y después seguir. Ahí empieza la contradicción. Siento impotencia, también miedo, no quiero defraudar; pero ¿si en realidad me estoy defraudando a mi por no escucharme? Eso es peor. Si, voy a parar para llegar con más resto.    
La alarma suena adentro mío, la dosis de atenolol para la angina de pecho no es de diez a veinte miligramos por dia. La dosis de atenolol para la angina de pecho es de cincuenta a doscientos miligramos por dia.